Antes que del Storytelling, voy a hablarles de Raquel.

 

Quiero que se tomen un momento, – ahorita mismo-, cuando apenas empieza esta lectura para imaginarse a su propia Raquel. Quiero que cierren los ojos y se la dibujen, quiero incluso que abracen el vacío si no aparece en su mente imagen alguna.

 

Raquel es hasta esta línea cualquier mujer de cualquiera de los lectores que se topen con estas letras. Pero dejará de ser todas y se volverá solo la mía ahora que se las narre.

 

Raquel era mi abuela. Era una mujer sensata, de mirada sabia y palabras cortas. Raquel tenía el pelo blanco de punta punta y al sol destellaban de su cabeza mechones morados. Raquel fue profesora. Raquel se sentaba en el borde del sofá, con una ruana y un sombrero a tejer o a tomar tinto. Raquel levantaba la taza con firmeza y mantenía durante todo el movimiento el dedo meñique alzado al aire. A Raquel le gustaba el mar, el mar todo el tiempo, pero el mar, sobre todo, cuando atardecía.

 

¿Lo ven? en seis renglones y solo usando palabras he logrado destruir su imagen de Raquel y posicionar la mía. Ahora, cada que mencione a Raquel a lo largo de esta lectura, ustedes sabrán que hablo de la mujer que les he descrito, sentirán que la conocen y no podrán evitar un deje de nostalgia cuando les cuente que Raquel murió hace un año.

 

Les hará gracia incluso saber que aquella maniobra suya del dedo levantado mientras tomaba la taza, no era tema de modales o infulas de realeza novelesca, que su dedo alzado al aire no se debía a otra cosa más que al hecho de que se había fracturado de joven el tendón y su dedo no doblaba. Que lo supe el día que murió, porque enternecida viéndole el dedo al aire, en esa cama de hospital, había dicho: “miren, la abuela murió en su ley”, y alguien me había corregido para contarme el incidente.

 

Raquel, que antes de ahora no existía para ustedes, que había sido, -tal vez, muy seguramente-, cualquier otra, menos esta, en el primer párrafo, ya ha calado en sus cabezas. Pertenece a sus memorias tanto como a la mía y ha logrado a través de mi voz – que no se escucha pero se imagina con cada letra – hacerse real en la vida de quienes para ella siempre serán extraños.

 

Es esto, esta historia de Raquel, lo que significa el storytelling. Sin tanto eufemismo, sin tanta explicación rebuscada, estudiada y exprimida. El storytelling es el arte de contar una historia y despertar la imaginación. Es la técnica de narrar para crear puentes de conexión con otros, para empatizar, para emocionar, para crear imágenes comunes, para volver de muchos un relato que era de pocos.

 

El Storytelling es, en últimas, una arma que dispara, con precisión, a los recuerdos.

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