Yo me soñaba escribiendo un blog de esos escandalosos que tienen título de periódico amarillista, y como la vida es muy cortica, empecé este año cumpliéndome esa meta y publicándote el texto que estás a punto de leer. 

Aquí no voy a darte la fórmula mágica de a qué horas publicar para llegar a 100 likes en medio minuto ni el código de cómo hackear el algoritmo. Mi secreto es una vaina súper sencilla, pero a la vez súper poderosa porque supone la verdad máxima de esta red social: una verdad que constantemente olvidamos en nuestro afán por crecer los números a costa de lo que sea. 

Dice así, con entonado acento: Instagram es una red para crear comunidad. Y según dice la RAE (no yo): “una comunidad es un grupo de personas que comparten los mismos intereses”. 

Entenderás entonces que es muy de pa´arriba pedirle a la gente que se una a tu ola si lo único de lo que hablas es de lo que tienes para vender. Lo que tienes para vender no son tus intereses, son tus productos. ¿Y qué es lo que dice arriba? ¿gente que comparte los mismos productos? NOOOO: gente que comparte los mismos intereses, INTERESES, NO PRODUCTOS. 

Lo que tienes que hacer es sentarte a pensar cuáles son tus intereses, qué te mueve, qué causas defiendes, en qué propósitos crees. Por qué creaste lo que vendes: cuál era el fin poético,  inspiracional, el que no cabía en el cuadro de excel. La tarea es dar con esa respuesta para luego volverla contenido. 

Publicando solo tu producto vas a lograr, tal vez, – como máximo -, que el usuario te compre cuando te necesite. Pero, publicando desde tu propósito vas a lograr que el usuario te compre incluso cuando no te necesita, simplemente porque te quiere. 

Así pues la pregunta que debería estar en tu mente cuando te sientes a planear tu feed debería ser: ¿cómo convierto en contenido lo que defiendo como marca?. Porque es en esa respuesta donde se esconde el secreto para dominar Instagram.

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